Estaba parado al frente de toda la clase admitiendo mi culpa.
Había roto la maqueta de varios de mis compañeros por estar jugando en el salón, cosa prohibida. Me encontraba arrepentido, más que arrepentido, se me subían los colores de la vergüenza, tanto que no reaccionaba a la traición de mis amigos, que sentados cómodamente se libraban del regaño, tampoco reaccionaba a los regaños y señalamientos de la profesora Marcela.
En mi mente solo habitaba una voz, profunda y fuerte, que me recriminaba mis actos al ritmo del reloj, lento y constante, como una gotera en un cuarto vacío. Los pensamientos me torturaban mientras las miradas acusadoras de mis compañeros y los regaños de los adultos se grababan en mí mente, en ese instante me prometí a mi mismo nunca volver a romper las reglas del aula.
Las lágrimas amenazaban con rodar por mis mejillas y mis pies temblaban con un ansia de huir sin saber que la sensación que los llenaba de adrenalina era realmente la pena que sentía.
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Días después me olvidé del pequeño momento incómodo, pues las risas volvieron a inundar el salón, aunque fuera clase de aritmética, y los retos generales retornaron a mi grupo sin demora, pronto salió la mejor idea que habíamos propuesto en un tiempo.
La luz del sol lloraba iluminar el aula, y el calor de afuera era más apetecible que la fría atmósfera del salón, por lo que en cuanto sonó el timbre, todos nuestros compañeros se abalanzaron sobre la puerta para salir del infierno. Raúl nos miró para ver si nos íbamos a acobardar a pesar de que todos sabíamos que nadie lo haría.
Escogimos cada uno una maleta al azar, sacamos todo lo que tenían y lo dejamos regado en el suelo, volteamos las mochilas con afán y nos dimos a la tarea de esconderlas antes de salir como si nadie fuese a saber que habíamos sido nosotros.
Una vez más estaba al frente del salón, las miradas recriminatorias, los regaños y advertencias eran lo mismo, pero esta vez estábamos todos, pues nos habían visto, nos encontrábamos lado a lado, con unos haciendo muecas a escondidas y otros riendo en silencio, mientras que el reloj del salón que estaba frente nuestro, marcaba con la manecilla de los segundos nuestros cotilleos.
Al final de los relatos pondré de que trataba el reto para que si desean me comenten si lo logré, recuerden que comentarios y sugerencias se valen.
Piensa en un tema abstracto (el amor, la violencia, los celos, la nostalgia) y busca un objeto que lo simbolice (un reloj, un espejo, una pulsera, un cojín). Recrea dos escenas diferentes en las que aparezca este objeto. Dependiendo de cómo quieras que se desarrolle el tema de tu novela, ese objeto variará de una manera u otra.
Los temas abstractos que elegí fueron: El remordimiento y la alegría, quería que fueran totalmente opuestos, pero sentí que era muy cliché.
El objeto creo que fue muy obvio, este fue el reloj que está colgado en la pared de atrás del salón.
Corregido* -> Gracias a la sugerencia de:
¿Quieres ver la anterior versión de este relato?
El reloj de aula
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