Es una casa con olor a lavanda
que me eleva en su tranquilidad morada.
Las flores, el espacio, las sábanas tendidas,
el aire que recorre el espacio, el balcón que hacia afuera da vista.
Es un museo de recuerdos que me encuentro desterrando,
Mil sueños e ilusiones que cumplimos cada año,
personas, mascotas que han pasado por nuestra vida,
dando tanto aprendizaje y tanta alegría.
Es un hogar compartido, con plantas y bichitos,
con la luna y el sol que nos sirven de testigos.
Nuestras dificultades y peleas, cuando todo parece derrumbarse,
nuestros amores y los senderos caminados, que nos recuerdan porqué seguimos.
Son 2 cuerpos que se entienden, no necesariamente, tú y yo.
Más sin embargo debo admitir que adoro cuando hablamos de nuestro amor.
Es la comodidad que me inunda
cuando salimos a tomar un café,
cuando decidimos ver una película en el cine
o cuando caminamos sin razón alguna por el parque.
Es tu aliento junto al mío al despertar en la mañana,
hacer aseo juntos los domingos,
hablar sobre la vida, filosofando sobre ella
e ir a trabajar horas extra para algunos regalitos.
Son los retazos que conviertes en vida,
la madera a la que doy utilidad.
Nuestra casa decorada de pies a cabeza
con nuestro toque peculiar.
Es no dejar caer nuestro amor
Luchar por él, mientras nos conocemos los dos.
Escuchar las versiones del exterior,
adaptarnos a la vida elegimos sin atarnos a un amargor.
Es el sonido de las olas cada vez que nos besamos,
la sensación de la arena cuando el frío nos arropa
o la vista de un bosque lluvioso
cuando tu mirada preocupada me choca.
Es la embriagadora suavidad
que me genera la vida contigo.
Sin idealizar y sin ser pesimista, solo llevando mi alma sin rumbo a tu lado,
haciéndonos compañía en este mundo extraño.
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