Zambi en la ciudad

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“Piro, Dios, que horror de día.”


Una voz se alzó en el silencio de la habitación. El bolso cayó en el suelo mientras la muchacha sobrenatural se lanzó y rebotó acostada, en la cama.


3 minutos pasaron hasta que el pobre periquito tigre pudo comprender el estado anímico de su dueña. En cuanto vio que su dueña se levantaba para sentarse, Piro, voló hasta su cabeza y se acomodó ahí para escuchar el día de su dueña, como siempre hacía.


“Estaba en la casa gigante que tiene muchos cuartos, ¿Recuerdas qué es?, dónde hay mucha ropa y comida, si ahí. Bueno pues iba saliendo cuando escuche un grito, yo me alteré muchísimo y voltee a ver.


Una señora se había puesto como loca, gritaba, lloraba y agitaba sus manos como si tuviera la urgencia de llegar a algún lugar, yo me quise acercar para ayudar cuando un hombre me golpeó en el hombro, pero que golpe, siento que me va a quedar morado. El hombre parecía que iba apurado, porque justo después de golpearme yo vi que se había caído su gorra, la recogí y la fui a devolver, sin embargo el hombre estaba ya tan lejos que pensé en dejarla en las cosas perdidas del centro comercial, por si el hombre volvía.


En el instante que devolví mi mirada a la señora, ¡ella estaba enfrente de mí!, roja y llena de lágrimas, tomó la gorra, la tiró al piso y la empezó a pisotear repitiendo “Maldito sea ese ladrón”.


¿Te imaginas esa escena tan rara? Yo estaba intentando calmar a la señora para que no pisara la gorra del pobre hombre, seguro también la había empujado y por eso la señora se hallaba en ese estado. Yo estaba tan concentrada calmandola que cuando un señor me alejó de ella no entendí la razón hasta que ví su mano pasando frente a mis ojos. 


El hombre que me alejo, vestía de verde fosforescente por lo que debía ser un ciclista aunque tenía mucha ropa para ser uno pensé, él intentó calmar a la señora para poder hablar con ella aunque no tuvo mucho éxito, igual que yo, él siguió razonando con ella hasta que la logró calmar lo suficiente, luego parece que la llevó a un cuarto de no sé qué, eso lo escuche de otras personas que estaban ahí.


Al final, para salir del edificio tuve que pasar por entre muchísima gente que estaba preocupada por la pobre señora, se encontraban amontonados alrededor nuestro; se veían más preocupados por la señora y el señor que por mí, aunque siempre había algunos ojos que llegaban a mirarme, curioso.


Luego, por fin llegué a casa y eso es todo, de verdad que no entiendo la ciudad Piro, pero me alegra que todos se preocupen por los otros.”


“Y tú qué hiciste?.”


“Pio pio, nada”


“Lo pensaba, estás engordando, deberías comer menos y volar más, pequeño glotón.”



Para conocer la descripción de los personajes
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